Carlos Kasuga Osaka: Un Mexicano Muy Japonés

RoRo

Carlos Kasuga Osaka

HERMOSILLO, SONORA.- Se define a si mismo como nacido en México pero armado en molde japonés, es el director general de la empresa Yakult y vino a Sonora, literalmente a predicar en el desierto.

En sentido figurado y como siempre, de cada uno de nosotros depende que su esfuerzo no sea en vano.

Conocedor profundo de la mentalidad empresarial japonés tuvo el atrevimiento de hacer sugerencias y comparaciones, pero aun más, tuvo la osadía de cuestionar la eficacia del sistema educativo mexicano al afirmar que éste no es formativo sino sólo instruccional.

Nuestros niños y jóvenes, dijo, requieren de una adecuada formación integral que no se contempla en el modelo educativo actual.

Vino, claramente a poner en evidencia lo que todo mundo sabe: que sin principios y valores cívicos y morales, lo único que hacemos es egresar seres medianamente preparados, instruidos para contratarse como empleados sin vocación emprendedora ni actitud para triunfar, pues en ninguna etapa de su vida académica se les enseña la importancia del trabajo en equipo o los necesarios principios de honestidad, puntualidad y sinceridad.

Pero todavía más, en el seno de una sociedad que celebra como un triunfo de su selección nacional el que se haya quitado obligatoriedad a una módica cuota anual de $300.00 (menos de un peso diario) necesarios para cubrir los gastos de cada plantel escolar, el señor Kasuga señaló, que si queremos ciudadanos verdaderamente comprometidos con su comunidad, la limpieza de las escuelas de educación básica e incluso el cuidado de los jardines de la Universidad, debería estar a cargo de los propios alumnos. El acabose.

Textualmente dijo que la calidad empieza por la limpieza, lo mismo que la productividad, el bienestar y la salud familiar y que, en consecuencia, la limpieza debe estar a cargo de los mismos estudiantes como parte importante de su formación personal y profesional, pues así se les prepara y ejercita en el cumplimiento de su responsabilidad.

Sin embargo, parece ser que el señor Kasuga a pesar de su mexicanidad no nos conoce muy bien, pues este método, que a juzgar por sus resultados les funciona muy bien en el país de sus mayores, aquí seria motivo de una acusación penal por atentar contra la libertad y la dignidad de los educandos o minimamente, daría pie a una queja ente la Comisión de los Derechos Humanos por maltrato a los niños y abuso de la autoridad escolar.

Recordemos tan solo que la derogada cuota de $300.00 anuales, representa una cantidad mucho menor de lo que un buen numero de sus impugnadores y ahora beneficiados paga por el consumo de cerveza entre viernes y sábado, pero que ahora, magnificada la cuestión, resultaba exorbitante como complemento de un servicio educativo cuyas enormes limitaciones y carencias, a duras penas le permite subsistir.

Las escuelas públicas que superan el nivel de estándar y que por supuesto son consideradas de excelencia y de excepción, son aquellas en las que se conjuntan los esfuerzos de una magnifica dirección, el especial empeño de sus docentes y la participación activa de los padres de familia, pilares fundamentales los tres, para la adecuada formación y el armónico desarrollo de la personalidad de nuestros niños y jóvenes.

El señor Kasuga Osaka llega al colmo de la exageración al afirmar que los trabajadores sindicalizados deben atreverse a romper el circulo vicioso que tanto afecta a instituciones y a empresas, debiendo asumir primero su compromiso de ofrecer y dar más, para que una vez elevada la productividad puedan, en justicia, exigir el reconocimiento de sus derechos así como más y mejores prestaciones.

También dijo, que exigir privilegios y pelear por un mayor numero de días festivos, -cosa que aquí raras, pero muy raras veces sucede- únicamente trae como consecuencia la perdida de la competitividad y la quiebra de las empresas.

Situación que, por otra parte, tampoco es fortuita ni casual, pues deriva de una mala actitud y falta de comprensión de los empresarios para con sus trabajadores, quienes se sienten utilizados cuando se les necesita y desechados cuando ya no se requieren sus servicios, sin que a su juicio reciban el debido reconocimiento o la justa compensación a sus esfuerzos.

Y es que ciertamente, es difícil pedir un mayor compromiso al trabajador cuando no se siente debidamente compensado o cuando en la empresa no tiene resueltas de manera satisfactoria sus necesidades básicas de pertenencia y seguridad.

Sabemos si, que hay un trasfondo histórico y otro religioso en esa actitud muy nuestra de sufrir el trabajo como un castigo. Al ser el nuestro un pueblo conquistado vemos el trabajo como un oprobio impuesto a favor del arrogante y aventurero español que por tres siglos nos sojuzgó y, la religión imperante en nuestro país lo impone como castigo divino a la desobediencia de Adán y Eva en el paraíso, y que para siempre nos condena a cada uno “a ganar el pan con el sudor de su frente”.

Añadimos la falta de objetivos claros y precisos para lograr a través del trabajo la plenitud y la realización como personas, el resultado es una gran cantidad de barcos a la deriva que sin un puerto seguro ven transcurrir sus mejores días entre la mediocridad y la esterilidad, carentes de motivacion y de sentido.

Son aquellas personas a quienes usted conoce y pregunta: ¿cómo te va? Y ellos responden: me va….que ya es ganancia; ¿y que haz hecho? Chambear…..que más….no hay de otra.

Son seres que pudiendo alcanzar grandes objetivos no quieren hacerlo es más, ni siquiera intentarlo; jóvenes y viejos enfermos graves de mediocridad que van a la oficina, al taller o a la empresa sin la menor idea de la trascendencia de su trabajo, y que incluso al jubilarse, no saben a que objetivos contribuyeron en 30 o más años de su vida laboral.

No establecen metas personales ni conocen los objetivos de la empresa o institución donde prestan sus servicios; viven el día a día, sin una ilusión o un aliciente que les motive a emplearse a fondo.

Son presas fáciles de la monotonía y el hastío pues trabajan para vivir y viven para trabajar. Son mediocres porque medio creen en sus habilidades y en su capacidad, y en consecuencia, se saben incapaces de aspirar a una vida de éxito mediante el aprovechamiento de las oportunidades y el uso de sus facultades.

A ellos, claro, también estuvo dirigido el mensaje de don Carlos Kasuga Osaka, para que, cualquiera que sea su rol social se esfuercen y se empeñen en dar más, con una nueva actitud y compromiso para superar los atavismos y remontar el subdesarrollo mental que nos impide avanzar a la cima de una mejor y más agradable realidad.

La decisión de cambiar es, por supuesto, un derecho y una facultad individual, pero también un compromiso con uno mismo y una responsabilidad social que ojala cumplamos como quería el poeta León Felipe: “Juntos y a tiempo”.

Amigas, amigos, aquí es el lugar y ahora es el momento; hagámoslo por nosotros, por nuestra familias, por las actuales y por las generaciones próximas a sucedernos.

* Imagen via Emprendedor Virtual.


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